miércoles, 22 de diciembre de 2010

Los abusos sexuales







Los actos sexuales con menores de edad o con personas que no comprenden o no tienen la capacidad de consentir son agresiones y se les llama abusos sexuales. Los que llevan a cabo estas prácticas lo hacen desde una posición de poder, es decir tienen autoridad sobre el niño y utilizan engaños, amenazas o chantajes.

El abuso consiste en tocar áreas genitales o violaciones ... y hasta principios de los años 70 del pasado siglo no se reconocen como un problema social al que hay que pre
star atención. Estos contactos suelen venir de familiares, amigos de la familia o desconocidos y consisten en tocar zonas genitales o intentar la penetración. Los niños tienen miedo a contar lo sucedido sobre todo si el que abusa es una persona próxima a él. El niño se convierte en un objeto usado por su agresor.

Hoy día existen muchos casos de abusos sexuales a menores que no se han denunciado, y la mayoría conoce a esos niños. Sólo en el 15% de los abusos el agresor es un desconocido para la víctima, el resto de los abusos se cometen en el hogar de la víctima por personas de la familia. La edad del agresor oscila desde los adolescentes a los ancianos, aunque la mayoría son hombres adultos de mediana edad.

Lo que es curioso es que se suele producir una inversión y los mayores de 50 años prefieren niños menores de 10 años, sin embargo los más jóvenes eligen entre los 12 y los 15 años. A menudo emplean la persuasión, la presión o el engaño para someter a sus víctimas basándose en su posición de poder como adulto, padre o profesor. Algunos sólo se relacionan con niños porque las relaciones con adultos son insatisfactorias y las rechazan, aunque externamente adoptan comportamientos perfectamente adaptados. Son los pedófilos.

Otros mantienen una actividad sexual con adultos y sólo en algunas ocasiones abusan sexualmente de los niños. A menudo hablan de su predilección por los niños. Actúan en sus relaciones sexuales con los niños como si fueran mayores. La baja autoestima en lo sexual, el alcohol, las drogas, las desavenencias maritales, la vida desordenada y el hacinamiento favorecen estos abusos.

Cuando no se puede olvidar y la víctima llega a adulto el abuso en la infancia se manifiesta como un inhibidor de la conducta sexual, más que nada cuando el abuso se ha repetido y sienten rabia, asco y mucha hostilidad. Si el agresor es un miembro de la familia las dificultades para tener una vida sexual algo satisfactoria, crecen y se hacen visibles. Aparecen la culpa, la indignación y la confusión reflejadas en esa vida que sigue presente y causando tanto sufrimiento como el primer día.

Si sospechamos que los niños están siendo abusados, maltratados, porque notamos cambios de humor, tienen un comportamiento extraño, no respoden con alegría a nuestras caricias o desvían la cara ante un beso ... Si notamos que la proximidad física les incomoda, están rebeldes y huidizos ... Lo primero hablar con ellos e intentar comprender cuál es la causa del abuso y si el niño o la niña continúa con su silencio, lo mejor es acudir a un especialista, a un sexólogo y que el niño empiece una terapia que le ayudará a explorar las causas de ese malestar, a conocer si existen abusos sexuales y podrá orientar a su familia si éstos se han producido. Intentar no alarmar al niño y hacerle comprender la desconfianza que siente para que sea capaz de mostrar confianza y afecto hacia sus semejantes.

Foto : una niña

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