martes, 22 de noviembre de 2011

¿Qué nos escandaliza?
















Lo que consideramos que escandaliza en seguida lo llamamos escándalo porque nos es difícil encajarlo, no sabemos dónde colocarlo. Y es que cuando pensamos en un escándalo mentalmente no podemos ubicarlo poque es un hecho que sobrepasa nuestra tolerancia. Por eso llamamos escandaloso, si hablamos de sexo, a un juicio hecho sin basarse en la propia experiencia.

Y parece que la tendencia a ver hechos perversos o depravados marca el límite de nuestra ignorancia porque
creemos que eso que nos escandaliza es enfermizo. Cuando muchas veces lo que nos escandaliza está en la inexperiencia de nuestra mente corta que nos hace sentirnos así ... cuando algo supera el límite de nuestro entendimiento.

Si algo nos parece desagradable - y no sólo lo sexual- tendemos a descalificarlo y no analizamos en profundidad el por qué de esa reacción exagerada en nosotros. Y es que nuestra mente llama patológico o enfermizo a eso que se sale de nuestros límites de tolerancia, que tiene que ver con nuestros límites de experiencia y cuando no comprendemos algo -ciertas prácticas sexuales- nuestra mente se lo inventa. Necesita darle respuesta y para controlarlo se apoya en conceptos y palabras que son el escondite de la falta de experiencia.

Si hubieramos experimentado el sadismo o el exibicionismo, y al haberlo vivido decidimos que no queremos hacerlo, entonces nuestra mente estaría tranquila y no le da más importancia que la de haberlo vivido y haber elegido que no lo quiere más o lo quiere más.

Claro cuando estas conductas responden a una actividad placentera y no generan dependencia, ni problemas contigo ni con los demás, entonces no son indeseables y tienen su razón de ser. Lo que definimos como perversión aparece en los diccionarios y nos dice que "la perversión sexual no sólo deforma la conducta o las relaciones sexuales, sino que entraña notables alteraciones en el orden del carácter, de la personalidad y de la vida social"

Y en los manuales de psicopatología a estas conductas se les llama parafilias es decir, desviaciones de la lógica y del deseo sexual natural. Y no es el uso ni la conducta lo que lo hace perverso, es el propósito al que sirve, o el fin o la idea que subyace con el propósito de sentir placer. Y si se trata de hacer de ello la propia vida, el peligro es no poder desengancharse.

Y te propongo jugar por un momento con tu percepción e imaginar las conductas que más rechazo te produzcan. Haz este ejercicio mental : Imagínate viendo por Internet a alguien y diciéndole lo que desearías y haciéndolo ante la cámara. O quizá imagina tu fantasía sexual más deseada con el actor de moda o la modelo que has visto hace poco.

O contempla lo que más asco te dé sexualmente y siente que realizas esta práctica con amor y con desenfado. E imagínate que haces de stripper y te desnudas ante cientos de personas en un escenario ... También podrías elegir un objeto especialmente llamativo para ti, algo de tu casa e imagina que lo usas sexualmente para excitarte.

Ya nos lo decía el psicólogo Gustav Jung que llamaba a la sombra (1992) nuestro lado más oscuro que expresamos en las emociones negativas, cuando hablamos de rechazos, penas, miedos, ascos o aversiones ... Porque eso que rechazas es parte de ti y depende de tu educación y de tu cultura. No a los demás, les disgusta lo que a ti, porque hay personas que si les hacen sexo oral les produce asco, sin embargo otras llegan al orgasmo a través de él.

Aprende a disfrutar de lo lúdico y del sexo virtual, utiliza objetos, consoladores, anillos, vibradores, o bolas con tu pareja. Y el sexólogo te orientará para hablar a distancia de tus deseos sexuales y crear situaciones nuevas y excitantes, si queréis reavivar vuestra relación sexual, en momentos de aburrimiento.

Foto: en la noche

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