viernes, 3 de mayo de 2013

Sobre el pudor





Los griegos consideraban que el pudor no era irracional, y lo que está bien se puede hacer en público. Havelok Ellis, uno de los pioneros de la sexología moderna, nos dice que Tucídides afirmaba que los lacedemonios fueron los primeros en luchar desnudos, y se untaban con aceite en los juegos atléticos.

Ellos aceptaban la desnudez de la mujer en los juegos públicos, y ellas se vestían con una túnica corta que no cubría el hombro, ni el seno derecho y dejaban al descubierto la mitad de los muslos. Además Hiparco y Crates consumaron su matrimonio delante de muchos espectadores ...

Muchas mujeres actualmente reinvidican el desnudo completo o mostrar los senos en las playas. 
Ellis nos habla del pudor que pone trabas entre madres e hijas cuando hablan de la menstruación, que les causa disgusto, y que les afecta a la sexualidad en su totalidad ... Esto ocurre todavía.

En la sociedad actual hay una carencia de formación sexual, y es básico conocer la sexualidad, porque si se ignora el mecanismo de las relaciones sexuales se pueden provocar temores exagerados, que son fobias y tienen que ver con una madre que abona el terreno para el rechazo sexual. Necesitan trabajar esos miedos con un profesional, con un Terapéuta Sexual, para que entiendan las relaciones sexuales, y las consideren como un actividad natural en la vida del ser humano.

Algunas en su noche de bodas, viendo a su marido en erección han pensado que estaba enfermo o loco, y son reacciones ante el asco y el terror que les produce el sexo. El pudor es relativo al tiempo y al espacio, varía según la época, el lugar, los usos y las costumbres, y en la Inglaterra victoriana la decencia impedía mostrar las piernas y los tobillos.

En la ciudad de San Petersburgo existen muchos baños públicos, las personas pagan algo por entrar, y hay locales separados para cada sexo, aunque no es importante porque cada uno se baña dónde se sienta, uno junto a otro, completamente desnudos.

Roxana Kreimer escribe en su artículo que, si hiciéramos la experiencia de reunir a cuatro mujeres desnudas en una habitación : una árabe, una china, una occidental y una yanomami, y dejáramos entrar a un hombre por sorpresa, la mujer árabe se cubriría el rostro, la china se taparía los pies, la occidental inclinaría los brazos para cubrirse los senos y el pubis, y la yanomami seguiría haciendo sus cosas como si nada.

Este experimento nos muestra que el pudor no es un valor universal, y las comunidades que cultivan algún tipo de recato no siempre ocultan las mismas partes ante los ojos de las otras personas.

Foto : el pudor en otras culturas
 

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