martes, 21 de abril de 2015

El niño interior herido


































En la relación con el niño herido que convive con nosotros observo que muchas personas que cargan con su
programación dolorosa al trabajar con él, hacen más positivas sus relaciones de pareja. Cuando no se le reconoce aparecen las crisis que son sabotajes encubiertos que desmontan la relación para no reproducir la historia de sus heridas. 

El niño herido carga con traumas no resueltos, ha sufrido el desamor y el abandono. No puede evitar sabotear los vínculos y se recrea en los conflictos. El que no resuelve su relación con el niño herido no es consciente de lo que proyecta sobre su pareja y manipula con todos sus recursos a quien le ofende porque no soporta esa herida abierta.

Cuando se dan estas relaciones entre adultos y sus niños heridos que no conocen bien, se hacen inestables y contradictorias. Al principio son seductoras para manipular emocionalmente luego emplean el sabotaje destructivo para transformarse en huida. El patrón de seducción y abandono se repite. Es una adicción dolorosa para la persona que la padece. Anhela una relación de pareja y no puede evitar el temor y a ese niño enfermizo. Temor al abandono en los momentos de intimidad y entrega que remueven sentimientos de dolor.

Las sombras no resueltas del niño herido sobrevuelan en los adultos que anhelan vivir seguros disfrutando de una familia como sólida referencia. Pero si no trabajan su interior con constancia volverán a reproducir el guión, una pareja tras otra. Por desgracia a menudo observan con tristeza su nuevas relaciones, que son como un regalo, aunque terminan más pronto de lo que habían imaginado entre el dolor y la pena. 

¿Cómo resolver esa programación de la infancia? No parece tener salida más que desarrollar el potencial como personas maduras. Al creer en ello se puede llegar a ser consciente de esas pautas no deseadas que aparecen en las relaciones una y otra vez. Sólo la maduración emocional hará que alejemos esa identidad conflictiva. Y ¿cómo llegar a ser conscientes para que pueda madurar esa persona? 

Lo primero hacer bien una Terapia que incluya meditación como una gimnasia necesaria, aprender a ejercitarse en el aquí y ahora para desactivar la automatización de mensajes emocionales negativos que hasta ahora reactivaban la vida cotidiana. Son tres pasos que conducen a reconocer las pautas no deseadas. Así la conducta se hace consciente y apuesta por el darse cuenta de que son opciones conscientes y sanas

El niño interior herido por el desamor y el abandono vive tres etapas en las relaciones: la de seducción, buscan amores profundos para conocer los mecanismos de personas que despierten la pasión y el interés por ellas. La de abandono, que después de haber conseguido el objetivo no tarda en huir y negar la reciente relación de pareja. Esta es la fase que da paso a la tormenta y a la ruptura. En la tercera etapa se experimenta la impotencia y el dolor de la pérdida. Aquí se pide desesperadamente el rescate de su abandonada pareja. Se blindan para proteger su corazón en la entrega y fracasan porque no pueden mantener la estabilidad. Se ven empujados a vivir aventuras superficiales, que son amores imposibles a los que se enchufan como a una droga. 

Según avanza la Terapia en su vida, puede observar el adulto a su niño interior herido. Se da cuenta de las etapas vividas y poco a poco se encuentra en el camino de regeneración, es consciente de sus sabotajes y de sus heridas. Es el momento de apoyar su parte dolorosa con amor lo que le abre poco a poco a la confianza.

Y ese adulto que ha sufrido a su niño herido poco a poco lo sana y lo abraza para convertir su vida en un camino que desactiva la pauta de sufrimiento y revela su verdadera bondad. Estas son personas que son grandes compañeros terapéuticos de otros, que como ellos, vinieron al mundo con una mochila igualmente cargada.

 Foto: la nena

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