domingo, 12 de abril de 2015

Más allá del paso del tiempo
















Hay un camino que nos lleva hacia la aceptación y el abrazo de nuestro cuerpo y a lo que expresamos a través de él. En una sesión en la consulta
un paciente me decía "yo era atractivo, deportista, amaba mi cuerpo y disfrutaba estando desnudo. Actualmente eso se acabó: me he hecho mayor y ahora tengo tripa. La realidad es que siento vergüenza cuando contemplo mi aspecto, y tengo que reconocer que temo que mi vida sexual esté amenazada.

Y se inicia el camino de la aceptación y el amor a nuestro cuerpo como seres humanos. Y tanto el hombre como la mujer cuando la edad avanza enfrentamos una pérdida muy difícil de aceptar. Llegan las arrugas, crece la tripa, se pierde la cintura... Se temen las competencias. El hombre puede parecer interesante si envejece bien y ha crecido su bolsillo, tiene algunas canas... La mujer en cambio hace frente a otro reto cuando ve que los hijos se van de casa, y sienten que su misión en la vida ha finalizado.

Es una gran prueba para las que basan su valía en la belleza, en lo físico porque ahora tendrán que cultivar valores internos para vivir una vejez con coherencia. Es entonces cuando la vida nos cierra una puerta pero nos abre otra proporcional a esa pérdida. En la vejez aparece claramente el camino de la sabiduría, que ya ha comenzado. Ahora el refinado erotismo se entremezcla con templanza y ternura.

Puede que la tripa sea un poco abultada, pero el que la abrace será el que puede atravesar la apariencia, y saborear la calidad de ese ser al que ama profundamente. Quizá haga falta un desarrollo personal para desear el abrazo más allá de la figura musculosa. Aunque todos sabemos que es la belleza interna y la personalidad lo que llega a enamorar. 

Si se acepta el cuerpo como es y se desprenden de la antigua imagen que constituyó su propio disfrute es cuando el corazón se abre a otra etapa. Es un tiempo en el que hay que jugar con el sexo cuando llegue ese momento en el que se cuenta con el mismo placer y la misma pasión. Son momentos auténticos, mágicos. No hay que echar mano de la ropa para seducir sino confiar y dejar que se vaya lo que fué, para organizar lo que viene con sencillez, refinamiento y una gran conexión. 

El destacar estos valores puede parecer un consuelo para los que devienen gordos, flácidos, arrugados. Pero sabemos lo que valen los vínculos más profundos, que no es lo perfecto sino lo que cultivamos en nuestro interior. Nosotros vamos más allá del mamífero que somos para llegar a un amor consciente. Y sentimos que cuando el corazón desprende amor se ama cada centímetro del cuerpo más allá de las formas que nos dicta la moda. Todo lo bueno, lo verdadero y lo bello se saborea con el otro que es el verdadero amor de los que ya han superado el apego a los antiguos rostros que no enamoran: cambian y separan.


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