sábado, 30 de abril de 2016

Trabajando con los problemas. Cómo colaboro yo y qué hace él







































Cómo véis os he hablado de muchos de los problemas que sufren las personas y las parejas. Os he presentado casos concretos que son flases de
las distintas dificultades. No penséis que son peculiares, aunque haya detalles que os llamen la atención o que esto es raro, la verdad es que cuantos más pacientes atiendo y cuantos más casos comento con mis colegas más claro está que los casos de disfunción eréctil, eyaculación precoz, anorgasmia o falta de deseo... En realidad son una canción versionada de mil maneras con voces diferentes.  

Hemos hablado de los problemas sexuales masculinos, pero quiero que os hagáis una pregunta ¿si un hombre tiene un problema sexual es sólo suyo? Claramente no. 

No nos tenemos que disgustar pensando que la culpa es nuestra, pero la experiencia me demuestra que oyendo sólo a uno de los dos se pierde una parte de la información que nos aporta la otra parte. 

Conocemos que un problema sexual siempre afecta a la pareja. Nuestra forma de entender la sexualidad, las actitudes con las que nos aproximamos a ella, la respuesta que le damos a los tropiezos, las expectativas de cada uno... Todo lo que te ocurre es la consecuencia de tus ideas, de tus comportamientos, facilitando que se resuelva, que se estanque o que empeore el problema. 

¡Qué bien es cosa mía! me decía una paciente. Estoy aguantando más de un año, sin quejarme y me quedo a medias una y otra vez, y ahora resulta que la culpable soy yo. Yo sólo pretendo tener una relación sexual normal en la que él no se vaya cuando aún ni he empezado. No creo que pida demasiado. Le veo desde que decide arreglarlo llegar a casa con una gran sonrisa, más tranquilo que antes pero repitiéndome que yo tengo que cambiar en muchas cosas también.

En este problema sexual como en otro, sea de él o de ella las actitudes y las conductas de la pareja influyen aunque el síntoma recaiga en uno de ellos, ambos para que se resulelva tiene que hacer su labor. Imagina una mujer que no ha podido nunca tener orgasmios delante de su pareja. Le cuesta relajarse, no se deja llevar y tiene que estar muy concentrada en sus sensaciones corporales para alcanzarlo. Y le preocupa que pueda pensar de ella si se entrega al placer.

Claramente no es él quien causa el problema, a ella le ha pasado siempre. Los dos tienen que cambiar. Tienen que trabajar algunas actitudes, algunos comportamientos mientras viven su sexualidad.

Un problema sexual siempre afecta a la pareja porque es cosa de dos y ambos sufren las consecuencias. Los dos sufren y se preocupan ya sea por ese problema, por las reacciones de él o por lo que afecta a su vida de pareja. Pero ambos piensan que el sexo no va del todo bien en sus vidas. 

Repito, un problema sexual es siempre un problema que se refleja en los dos miembros de la pareja, venga a terapia uno de los dos o ambos. No sólo porque los dos tengáis la responsabilidad sobre él, ni porque sufrís las consecuencias, y más tarde o más temprano la pareja, la relación va a verse afectada. La sexualidad potencia las emociones. Es decir, cuando estamos a gusto y todo funciona, llega el sexo e impregna con su efecto mágico la relación. Nos sentimos más felices y no tenemos ganas de enfadarnos. En ocasiones no es bueno porque oculta los problemas de pareja bajo este buen clima. Claro cuando el sexo va mal tiene esa misma fuerza aunque en dirección contraria, el clima se hace raro, nos sentimos irascibles y estamos a punto de saltar.

Depende de la personalidad de cada uno, que aparezcan enfados pero puede empezar una distancia que va enfriando la relación. La experiencia clínica me dice que ese frío silencio es más destructivo que una fuerte y acalorada discusión. Mi afirmación "un problema sexual es siempre un problema que vive la pareja" Pero ¿qué sucede si no hay pareja?

Hay una aparente tranquilidad pero hay una preocupación de cara al futuro. Vienen a terapia porque piensan: ¿qué voy a hacer -podría preguntarse él- con la eyaculación precoz cuando conozca a alguien que me guste? Es incluso una limitación. Así ¿a dónde voy? Mejor evitaré el sexo. Total, ¿para qué voy a pasarlo mal? Y ¿el ridículo? Sea como sea alguno puede tener fobia al sexo y a sus erecciones, rechazar sus fantasías, padecer de anorgasmia, o sentir vergüenza a la hora de masturbarse. Los que están solos vienen a terapia por si el amor o el sexo llama a su puerta.

Estas son excepciones que confirman la regla. Un problema sexual es casi siempre un problema de pareja y los dos lo sufren. Así que avisadas estáis si queréis que el problema se resuelva aunque vosotras tengáis un 10% de responsabilidad os toca poneros en marcha para salvar las dificultades y llegar a la otra orilla. 

Foto: poniéndome el sujetador  

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