viernes, 24 de junio de 2016

Cómo viven la afectividad después del orgasmo























¿Cómo es el acoplamiento sexual? No depende solamente del antes, del durante...
Esto es, necesita también el después. Y la manera en que vivimos el después podemos apreciar las diferencias de género que polarizan el mayor número de quejas femeninas, incluso cuando la pareja está bien acoplada. 

Vemos cómo se expresa el gran porcentaje de mujeres que hablan de su disconformidad sobre el comportamiento posorgásmico del varón: 

Unas dicen, en cuanto termina se da la vuelta y se pone a dormir.
O cuando acaba se levanta y se va a lavar.
O parece que fuesen dos hombres distintos. Al principio tan cariñoso, después tan distante.

El calor afectivo de su pareja está relacionado con este tipo de quejas femeninas. Y tienen una lógica que es importante conocer si queremos o aspiramos a un buen acoplamiento sexual. Porque un buen entendimiento es determinante para nutrir el deseo. Y es que según sean las muestras de afecto en esa situación la pareja incrementará o va a reducir su posterior receptividad.

Qué ¿cómo vive la mujer la afectividad posorgásmica? Sabemos que el orgasmo es la culminación del encuentro sexual y eso favorece que se sienta unida a la pareja y que se muestre afectuosa. Además como no tiene periodo refractario desea mantener la proximidad física para conservar el clima afectivo. 

Y el hombre ¿cómo la vive? Sabe que el orgasmo es la terminación de la relación sexual y con él se libera la tensión y el cuerpo entra en el periodo refractario y necesita descanso. De ahí la sensación de terminación y la necesidad de descanso le empujan al distanciamiento físico y termina su disposición sexual. Asocia la intimidad al sexo y recurre a la higiene poscoital porque evita nuevos contactos. Esto puede tomarse como una tendencia muy común en la pareja estable.

Por eso, y lo mismo ocurre en los demás aspectos que se relacionan con el acoplamiento también en esos momentos la pareja debe realizar un acercamiento que permita satisfacer a los dos, y favorecer esa comprensión para que ambos entiendan las respectivas peculiaridades de su actitud posorgásmica. Vamos a reflexionar sobre esto.

Estas son algunas reflexiones dirigidas a hombres sobre la afectividad posorgásmica femenina.

Sabemos que lo más común es que las mujeres asociemos la sexualidad con la afectividad, por esto si ha concluido el acto sexual, muchas desean continuar el contacto afectivo. Y como las mujeres casi no tenemos periodo refractario es natural que queramos prolongar también las caricias y el sexo. Aunque estar cariñosas no significa, en algunos casos, que deseemos mantener otra relación, por lo que no debe confundirse la expresión afectiva con una demanda sexual.

Estas son algunas reflexiones dirigidas a las mujeres sobre la afectividad posorgásmica masculina.

Sabemos que los hombres asocian más el sexo con el deseo y la necesidad que con la afectividad. Por lo que una vez que están satisfechos sexualmente no necesitan expresar su afectividad hasta que no experimenten de nuevo el deseo. Lo más común es que los hombres después de la eyaculación pasen por un periodo refractario, entonces el deseo está inihido y necesitan descansar. Y cuando el hombre está en esta fase puede interpretar las caricias como una nueva demanda y como no está preparado suele evitar el contacto físico. 

Creo que estas observaciones si las asimilamos con espíritu de comprensión, es decir, si entendemos al otro en su mundo perceptivo, en lugar de imponerle el nuestro, puede culminar con éxito la fase de acoplamiento sexual y permitir que acabe con éxito una relación sexual plena y gratificante, eso sí todas las variables han posibilitado el deseado desenlace orgásmico, y no tenemos garantía siempre, ya que en cuanto a la llegada la llegada del orgasmo no siempre los resultados son los deseados.  

Hay frustraciones que están relacionadas con la escena sexual, el clima afectivo, el ritual practicado o la pericia sexual. Claro, hay tantas causas y tantos factores que pueden inhibir el placer que la única manera de obtenerlo es conseguir un buen compañero sexual, entendiendo por tal aquel con el que podemos expresar libremente nuestra sexualidad, experimentando mientras estamos en acción un sentimiento de comodidad, competencia y satisfacción.

Foto: ahora contigo

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