miércoles, 21 de junio de 2017

Conoce las ideas médicas erróneas sobre la sexualidad de la mujer

Freud no fué el único en desarrollar ideas erróneas sobre la sexualidad de la mujer, este es un fenómeno que aún...
no se ha erradicado con el progreso médico. Actualmente, en pleno siglo XXI, la uróloga Helen O'Connell se interesaba por la sexualidad femenina cuando se dió cuenta de que, cuando se extirpaba la próstata cancerígena de un hombre, los médicos cuidaban mucho con la intención de preservar su capacidad de erección, interés que no se hacía patente al realizarse una extirpación del útero. O'Connell también observó que apenas disponían de estudios sobre el clítoris, lo que le hizo investigar más sobre este órgano, y advirtió que era el gran olvidado por la ciencia. 

Michel Odent como especialista ha denunciado repetidas veces el perjuicio del exceso de medicación que rodea el parto, y el exceso de intervención del hombre en el proceso natural en el cual conviene evitar lo que suponga una estimulación del neocortex -la porción del cerebro más reciente en términos evolutivos, que se llama también cerebro racional-, como el lenguaje, la luz, la falta de intimidad... Odent denuncia cómo se ha masculinizado el parto después de la Segunda Guerra Mundial y que fué incuestionable hasta la decada de los 70. 

La técnica simplificada cuando se practica una cesárea, que desarrolla recientemente Michael Stark, es conocida y practicada hoy en día en los cinco continentes, aunque la mayor parte de los médicos aún desconocen muchos aspectos de la "cientificación del amor", que incluyen los efectos de la oxitocina en el comportamiento. Odent afirma que cuando se respeta el curso natural del parto, sin intervenciones la oxitocina -la hormona que favorece el amor y el vínculo- se ocupa de todo lo demás y el parto transcurre sin complicaciones en una mayoría de casos.

También señala Marcel Caufriez, sexólogo y doctor en Ciencias de la Motricidad, que la episiotomía -un procedimiento quirúrgico que incluye un corte entre la vagina y el ano para que el canal vaginal sea más amplio y acelerar la salida del feto- es una intervención innecesaria. Caufriez ha asegurado tener pruebas irrefutables de que los partos en los que se realiza la episiotomía suelen acabar en una mutilación sexual de la madre porque al hacer esta intervención cortan un nervio rectal inferior que está en la piel y que es parte de la inervación sexual de la mujer. 

Este corte resulta irreparable. Por otra parte la OMS aconseja que no supere el 6% de los primeros partos, la cifra de episiotomías. En Inglaterra se da ese porcentaje, pero en Suecia no se llega al 4%, en Francia alcanza el 65% y en España llega hasta un 95%.

Caufriez nos habla, de que en la fase de expulsión del feto no hay que empujar, y no es bueno intervenir (es interesante recordar que las ventosas y los forceps desgarran los tejidos) El dolor durante el parto hace que el organismo produzca prostaglandinas, que segregan oxitocina, la hormona del amor, que es responsable de las contracciones del útero. Cuando se aplica la anestesa epidural -continúa Caufriez- se inoculan opiáceos y extractos de cocaína que provocan bloqueo motor, que detiene el útero y las contracciones ya que desaparecen las prostaglandinas. No hay dolor pero tampoco contracción. Es cuando el médico inyecta oxitocina. Según la dosis inyectada pueden existir riesgos importantes como dice Caufriez, que ha observado desgarros derivados de un exceso de oxitocina.

Nada debe pertenecerle tanto a la mujer como las decisiones que rodean su parto, aunque argumentando que se hace por su seguridad se interviene varias veces en este momento, interfiriendo el vínculo madre-hijo e interumpiendo el curso de la naturaleza. Hoy día el parto tecnológico está por encima del parto natural. No confiamos en la naturaleza, ni por tanto en la vida. Se produce también la separación entre el bebé y la madre, al interferir en el crucial momento del apego. Advierte Claudio Naranjo que se deja a los niños "atemorizados" y sedientos de amor.

La tradición, el progreso y la cultura se ceban en la mujer y en su naturaleza. Actualmente, cien millones de mujeres o más sufren mutilaciones genitales.  En la infibulación o la "circuncisión faraónica" amputan todo el clítoris, los labios menores y las zonas adyacentes a los labios mayores y luego suturan ambos lados de la vulva, y dejan un pequeño orificio para la orina y la menstruación. Odent denuncia estas prácticas.


La falta de deseo sexual no es considerada como una patología, a diferencia de lo que ocurre con el hombre y su deseo sexual masculino. La medicina y las mujeres viven de espaldas a la sexualidad femenina y hasta ignoran la inapetencia sexual constante, mientras que la disfunción eréctil moviliza cantidades ingentes de dinero para resolverla. Como ejemplo basta el Viagra. 

Vemos muchos síntomas de esta "enfermedad" derivada de la ideología social que relega lo instintivo que relega lo corporal en nombre de la ciencia, el progreso y lo racional. Uno de ellos es observar cómo crecen los casos de infertilidad que se registran en nuestra sociedad occidental, donde la reproducción se pospone hasta el punto que cuando se desea, la vida se rebela a acceder sólo con la racionalidad. Y los casos de disfunciones eréctiles también, opino que la causa es la falta de contacto con nuestro cuerpo y nuestro instinto. Se impone la mente y se pierde el deseo y con él la erección.

Cristianne Northrup señala que no sólo estamos convencidos  de que la ciencia médica es omnipotente, además la mujer llega a crecer con la idea de que su cuerpo no es normal: cuando siente deseo por haberlo sentido, si no lo siente porque carece de él y porque su cuerpo produce vello, celulitis, olores, segrega líquidos...

Foto: pareja abrazada

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