martes, 3 de octubre de 2017

Las mujeres ¿son fieles?






















Se ha construido una visión social de la sexualidad de la mujer y en ella da prioridad al
deseo del otro no al suyo. Se admite con dificultad el deseo, la iniciativa de ella al sexo y también su infidelidad. Louann Brizandine así lo afirma: 

Nos dicen que las mujeres no están más hechas que los hombres para ser monógamas, están diseñadas para mantener opciones abiertas y algunas fingen orgasmos para apartar la atención de la pareja y de sus infidelidades.

Se calcula, de hecho que entre un 5 y un 10% de los hijos engrendrados en un matrimonio no los ha engendrado el supuesto padre:

Estudios realizados en algunas especies de pájaros que se pensó que se emparejaban para toda la vida demostraron que hasta un 30% de las crías las habían engendrados machos diferentes de los que las cuidaban y vivian con sus madres... Entonces el mito de la fidelidad femenina recibe un buen golpe con este sucio secreto que nos muestran los estudios genéticos humanos: y el10% de los presuntos padres investigados por los científicos, su relación genética es inexistente con los hijos que esos hombres están seguros de haber engendrado.

Para evitar la infidelidad de la mujer en Africa el objetivo es practicar masivamente la ablación del clítoris en las niñas, y hacen un ritual de paso para asegurar la pertenencia a la comunidad. Es una violencia de género consentida y extrema que llevan a cabo las mismas mujeres. Nos escandalizamos y tenemos razón, pero aquí en Occidente la sexualidad en especial de la mujer también se controla. Como se hace en una mayoría de culturas patriarcales  con esta práctica se quiere controlar la sexualidad femenina, acabar con el deseo sexual de la mujer y así garantizar su fidelidad, y limitar las demandas sexuales al marido, algo importante en regiones donde la poligamia es algo habitual.

Algunas culturas creen que la ablación aumenta el placer masculino, y hay comunidades en las que el hombre que mantiene relaciones sexuales con una mujer cuyo clítoris no ha sido amputado se considera impuro o incluso peligroso porque dicen que el contacto del pene con el clítoris podría originar la muerte del hombre o mermar su virilidad. Por si fuera poco, los bambara de Malí creen que en el clítoris habita un espíritu maligno. Y para muchos pueblos africanos, el clítoris corresponde al lado masculino de la mujer y se considera un atributo propio del sexo opuesto que es importante eliminar para que las mujeres  estén en concordancia con el suyo.

Y es que la mujer no puede ser una puta porque tienen dos opciones: el matrimonio o la prostitución. Si el matrimonio se acepta está bien visto en cualquier circunstancia, incluso si el hombre toma por esposa a una niña menor de edad. Ser puta puede ser lo peor que puede ocurrirle a una mujer. 

Ser tachada como puta es un insulto grave. Esto lleva implícito también que ella no posee ni debe poseer deseo sexual alguno, ni debe manifestarlo porque ese sería el comportamiento de una ramera. Claro la compasión hacia las prostitutas sólo debe existir cuando lo hacen para subsistir. No entra en nuestra valoración que la mujer pueda elegir libremente la prostitución como profesión. Virginie Despentes nos explica con detalle cómo, mientras ejercía de puta, todos los hombres con los que estaba se compadecían de ella  y querían salvarla de esa desgracia.

No podían pensar que para esa mujer era una situación placenteran sobre todo al principio. Despentes cree que la prostitución no es legal en muchos países y aceptarla sería otorgarle demasiado poder a la mujer. Declarar que puede ser totalmente libre con su cuerpo y dueña de su sexualidad. 

Más allá de las mujeres que ejercen la prostitución, también se califica despectivamente de putas a las mujeres que mantienen muchas relaciones sexuales o que gozan del sexo con relativa asiduidad. Llamar hijo de puta a un hombre es uno de los más feos insultos, como si las putas no pudieran ser madres y tener hijos o hacer esto fuera una desgracia.  

Hay distintos mecanismos que utiliza la sociedad para controlar la sexualidad de la mujer o para que ésta no pueda disfrutar libremente de ella, y decirla puta es la primera que viene a la mente cuando cruzamos algunas fronteras porque no se nos enseña a utilizar nuestro cuerpo -nuestro al fin y al cabo- para propocionarnos placer. Y no parece que interese que sepamos hacerlo: ¿podríamos tener demasiado poder sobre nosotras mismas y sobre¡
los hombres sobre los que tratamos si fuesemos sabias corporalmente?

"En el sistema actual, se mata todo lo que no se enseña" nos dice el ensayista e investigador Nassin Nicolás Taleb. Si esto es cierto, en la sociedad se está aniquilando el sexo ya que las enseñanzas sexuales estás dirigidas a prevenir embarazos y enfermedades de transmisión sexual, que a enseñar cómo obtener placer, más orgasmos, cómo acariciar, cómo acaercarse para tener contacto, cómo sentir nuestro deseo y abrazarlo, cómo nos estamos traicionando a nosotros mismos... 

Foto: a la luz de la hoguera  

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