jueves, 26 de octubre de 2017

Recuperar a Kali, la diosa negra del hinduismo




































En la Mitología hay muchos ejemplos que describen a mujeres llenas de fuerza como Kali, la diosa negra 
del hinduismo de la que hoy os voy a hablar. Abrazar la fuerza que tenemos cada una de nosotras requiere el valor de aceptarnos con todo lo que esto puede representar. Es como abrazar a Kali, la mujer negra que así se llama. Esta es la encarnación de Parvati, esposa del dios Shiva que posee cuatro brazos que lleva como vestimenta una faja confeccionada con manos de hombres muertos. Es la deidad de la muerte y la destrucción, que genera temor por su crueldad aunque también una gran fascinación por su potencia y por su capacidad de regeneración.

Y cuenta la leyenda que cuando un ejercito demoníaco escabezado por Majisá, atacó a los dioses, la gran madre Durga adoptó la forma de Kali y luchó encarnizadamente contra el terrorífico demonio, y de sus gotas de sangre de las que surgían a su vez otros enemigos. Kali es la mujer que todo lo abarca y lleva en su mano una espada, y en la otra, la cabeza del demonio al que acaba de dar muerte, y con las dos restantes anima a sus devotos a que la adoren. Sus ojos están inyectados de sangre por el ímpetu que ha necesitado para vencer a Majisá, un ímpetu que la ha hecho pisar sin darse cuenta a su esposo Siva. 

Kali, triunfante llena de alegría y excitación baila con tanto desenfreno que la tierra tiembla bajo sus pies. Siva le pide que se detenga pero ella tan entusiasmada, no puede oírlo. Lo que hace que su esposo se tumbe en el suelo para intentar absorber con su cuerpo el impacto de la fuerza de Kali hasta que ella reacciona y se detiene. 

Se dice que los brazos de Kali representan el círculo completo de creación y destrucción propios del Cosmos. Por eso Kali empuña la espada del conocimiento que hace pedazos el ego y con sus tres ojos es capaz de percibir pasado, presente y futuro. 

Para mí, esta diosa que atemoriza a los hombres está representando a la  mujer en todas sus caras: la faceta más agresiva y poderosa y a la vez la más amorosa y sacrificada. También la más femenina y pura, la kundalini que activa el poder del sexo, la sensualidad y es la encarnación del amor desenfrenado y voraz. Kali es la amante sexual que satisface sus deseos y posee y se deja poseer por ellos. Propongo recuperar nuestro instinto y con ello nuestro deseo, cosa que la sociedad niega en la mujer, pero no las sanguinarias y asesinas.

Si se les retira su agresividad, se mutila su fuerza al mismo tiempo y se limita su potencia innata para sentir placer y satisfacción. Hay una idea que no se puede perder de vista es que el poder, la agresividad y el deseo sexual están vinculados y se retroalimentan como se comprobó al analizar distintos neurotransmisores cerebrales.

Una larga lista de experimentos confirmó que el aumento del nivel de testosterona mejora la autoestima. Esta hormona que incrementa la agresividad y estimula también el deseo sexual.

Estudiando el comportamiento de varios grupos de monos y chimpancés, comprobaron que los líderes de la manada presentaban más testosterona que el resto, y a la vez se mostraban mucho más agresivos. En otro caso los veteranos de guerra que registraron los mayores niveles de testosterona en sangre eran además los que se habían comportado de manera más agresiva durante la contienda. 

En las mujeres encarceladas, las más agresivas eran también las que tienen mayores índices de testosterona. Y en téminos neurobioquímicos, la capacidad de violencia, el deseo sexual y la competitividad constituyen tres expresiones que se derivan del mismo perfil.

Por lo tanto, aquí queda demostrada la interrelación entre conducta y biología. Los comportamientos que generamos alteran nuestra fisiología, y en la medida que a la mujer no se le permite ser agresiva, se determina su sexualidad y su biología. La mujer con esas limitaciones ignora sus necesidades y se desconecta de su cuerpo. Estos son los recursos adaptativos que la mayoría de las mujeres han desarrollado para que su conducta cuadre actualmente con las ideas sociales.

¿Qué hemos hecho con la rabia, el odio y el dolor derivado de muchos años de violencia y malos tratos? A veces se expresaron a través de la enfermedad, otras con sarcasmos e ironías o con agresividad pasiva que es más difícil de perseguir y castigar... Y este dolor que acumulan por no hacer sido vistas ni respetadas por el hombre ni por la sociedad patriarcal que aún está vigente en muchos sentidos, tanto en nuestro interior como en nuestro exterior. Este un dolor que tiene historia.

En esta cultura la agresividad tiene solamente un sentido negativo. Aunque a menudo la vida nos reclama destruir lo construido, masticar para poder transformar lo que existe y nutrirnos en todos los sentidos. Una masticación y transformación que requiere fuerza instintiva y asegura nuestra supervivencia. Para que nosotras podamos realizar la transformación, para abrazar esta agresividad que necesitamos y unirla a la capacidad de actúar que trae implícita.

 Foto: Kali

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Dime, ¿qué te parece? Si lo prefieres, llámame al 639 555 994 y podré orientarte mejor.