sábado, 13 de enero de 2018

Somos muy diferentes educando y cada vez nos enfadamos más




















Para que negarlo. Las diferencias en las maneras de ser y de pensar de cada uno son evidentes,
más con la educación de los hijos. "No pongas así al niño", "ocúpate de él cuando coma", "no le saques así de casa" y más y más reproches que circulan entre ambos que son capaces de romper la armonía de que gozaba la pareja. 

Y si sumamos que es agotador estar pendiente de dar buen ejemplo, ser siempre responsable ante los hijos y la sociedad -porque la sociedad juzga a los juzga si no se comportan siguiendo los roles ya establecidos- la tensión se dispara y aparece la desilusión por la tarea no realizada. Muchas parejas acaban por confesar que "desde que ha llegado el niño, su comportamiento no es como me imaginaba, ni como había sido al principio"

Desgraciadamente lo que vemos en las películas es eso: relaciones que no acaban de ser reales. Y es que tanta responsabilidad es agobiante y puede hacernos perder los nervios. Por eso, no tenéis que olvidar por encima de vuestras opiniones lo que cuenta es la buena voluntad de la pareja -tanto  para la estabilidad como para la educación de vuestros hijos- y eso os lo tenéis que reconocer mutuamente. Vuestro apoyo en las en épocas en las que se "masca" la crisis es básico en todos los casos.

Hasta aquí bien, pero cuando los hijos crecen son ellos quienes te examinan ¿qué pasa entonces? Y oyes: "Así no papá", "Se lo diré a mamá" "Yo puedo mámá porfa. Me prometiste que podía hacerlo. Esa sensación tienen muchas parejas de que con sus hijos suspenden a menudo los exámenes, porque no están a la altura y cometen errores, que para los padres su tarea es un salto de obstáculos continuo en el que la valla que tienen que superar es el propio hijo, más que nada en su primera época de "No quiero". Resulta agotador, ¿verdad? Es en este momento cuando necesitan el apoyo incondicional de la pareja para que el niño entienda que estáis de acuerdo que las posturas no son contradictorias. 

Es esa etapa en la que hay que imponer normás y límites, y cumplirlos para que ninguno quede desautorizado delante de los hijos -lo que le puede hacer perder autoridad-  y para no dejarse arrastrar por el ímpetu y la anarquía del hijo, y es una tendencia de todo aquel que está en período de crecimiento. La pareja, entonces, es un equipo -en el que delante del niño por lo menos no muestra fisuras, ni dudas al respecto.

Todo esto cambia si los hijos son sólo de uno de los miembros de la pareja. Porque ser el novi@ del padre no es nada fácil. Estas parejas vienen en un pack  vienen con un "ex" a sus espaldas y con los hijos de otra relación anterior. Es un equipaje extra y esa sensación despierta tensiones y malentendidos en la relación de la nueva pareja que hace que ésta no tenga futuro.

De vez en cuando sentaros a hablar con vuestros hijos y pedirles que reflexionen acerca de los valores  que papá y mamá les intentan transmitir. Esta conversacón conviene hacerla aprovechando una discusión  entre ellos  y los hijos o cuando se comenta algún conflicto que podáis observar en ellos. Una vez que lo hallan hecho conviene que lo escriban en una hoja y se comprometan a decirles si ha aparecido un valor en ellos. 

La jornada concluye con  una cena de pizza -o cualquier comida preferida por los hijos-, en la que se hable de las experiencias vividas y se valoren los hechos positivos durante el día. Esta jornada potencia la imagen de los cónjuges como compañeros lúdicos, rompiendo así la seriedad educativa que habitualmente se tiene de ellos.

Foto: pareja enfadada 

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