domingo, 1 de julio de 2018

Cuando reprimimos la sexualidad


La represión sexual tiene que ver con anular tanto el deseo como el placer erótico, y puede
ser una manipulación sutil, como impedir el conocimiento del cuerpo o inculcar sentimientos de vergüenza o de culpa ... hasta la ablación del clítoris.
El sexo es un componente básico en el desarrollo del ser humano, tan importante como para que haya influido en todos los actos de tu vida. Modera la imaginación y el pensamiento que tiene que ver con los conceptos filosóficos y morales que desarrollan o inhiben la personalidad, el comportamiento y el carácter de los hombres.

K. Horst Wrage apunta que "las generaciones han resultado víctimas de la represión sexual, y la civilización ha impuesto severas rectricciones a las satisfacciones instintivas del hombre, tanto eróticas como agresivas"

Es así que la sexualidad produce seres que aumentan y renuevan la sociedad, son físicamente diferentes y sus sentimientos atraen la sexualidad de otras personas, y desarrollan vínculos que forman las familias. La represión sexual la sufren los niños, los adolescentes y los adultos, los padres y los profesores, y esta práctica consciente o inconsciente se interioriza, y los reprimidos se convierten en represores que rechazan todo lo que tienen que ver con la sexualidad por ser inmoral, malo o pecaminoso.

Pese a todo esto la sexualidad sigue activa y si se reprime puede dar lugar a perturbaciones y trastornos sexuales que se tratan en terapia sexual. Y es que, hasta más de la mitad del siglo XX no se podía hablar con libertad de temas sexuales ... Podía ser indecente. Ahora en las últimas décadas ideas y comportamientos han cambiado apoyados en los trabajos de Sigmund Freud, en las estadísticas de Alfred Kinsey en el área social, y en la investigación de H. Masters y Virginia E. Johnson, que se refieren a la respuesta sexual humana.


De especial significaciónen lo relativo a la represión sexual son también las experiencias incestuosas tempranas y los abusos por parte de los adultos durante la infancia. Estas experiencias aversivas son un condicionamiento negativo muy fuerte. Y como consecuencia, el miedo o la ansiedad que quedan asociados a la actividad sexual suelen ser la respuesta habitual al acercamiento interpersonal que implique el más leve contacto físico sexual. Tal es el caso de Marta, que muy tempranamente reprimió su interés por el sexo debido a la experiencia incestuosa de su infancia.

La sexología de hoy tiene categoría de ciencia y debe respetarse y difundirse como lo que es. Y la educación sexual pretende divulgar, sin mitos ni tabúes que la oscurezcan, el conocimiento de la sexualidad, que forma parte de la vida cotidiana del ser humano.
Foto: amantes

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