miércoles, 14 de noviembre de 2018

Posesión e infelicidad
























Sabemos que el sentimiento de infelicidad ha convivido con nosotros desde siempre,
hay un elemento relativamente reciente que nos puede explicar gran parte de la infelicidad en la sociedad occidental, está asociado al cambio de roles de la pareja: la posesión.

La posesión en los orígenes de la humanidad. Los hombres somos y seguimos siendo cazadores, y esto se manifiesta más que nada en el varón. El varón salía todos los días a cazar, dejando en el hogar a la madre de sus hijos cuidando el hogar. Cuando volvía esperaba encontrar en su casa todas sus pertenencias a su pareja, a sus hijos... igual que las había dejado. Y además traía con el los productos que había encontrado para su consumo y el de los suyos. Un uso continuo de posesivos, porque en todo momento cree que son de su pertenencia, que se trata de su pertenencia, de algo propio, y su obligación es cuidarlos y alimentarlos.

Por eso, son muy abundantes las expresiones de posesión muy utilizadas en el vocabulario de la familia tradicional. Por ejemplo hasta hace poco se usaba la identificación de una mujer como "señora de..." e indicando a continuación el apellido del marido.

El sentimiento de posesión actualmente en la sociedad, y es que ha cambiado mucho el sistema de producción en los últimos treinta años. En la actualidad la mujer está igualmente preparada para la "caza", tiene una formación similar y se encuaentra igualmente capacitada par realizar tareas remuneradas. Preferentemente vivimos en centros urbanos que disponen de centros para acoger a los hijos, por lo que la pareja puede disponer de varias horas al día para trabajar fuera de casa. Y además suele ser necesario el sueldo de dos para vivir con una cierta comodidad. En consecuencia, la mujer se ha incorporado plenamente a las tareas realizadas por el hombre y comparte con él obligaciones y derechos que antes no compartía y de los que ahora también es beneficiaria.  

Esto obliga a que se haya hecho un replanteamiento de la estructura familiar y del comportamiento de cada uno. En la sociedad actual el varón ya no tiene su casa, su pareja, sus hijos y todas sus pertenencias, sino que comparte todos esos bienes a partes iguales: ya no es el centro de la familia, es una parte de la unidad familiar. Entonces la posesión se diluye.

Los problemas actuales de posesión son distintos, porque muchos hombres han sido educados de una forma tradicional de trabajar fuera y de tener la cena preparada al llegar, la ropa y las zapatillas. Por eso el cambio que se les propone es muy drástico, pero hay que tenerlo encuenta y ponerlo en práctica de inmediato y no han cultivado el desarrollo de habilidades. Y en ocasiones se sienten incapaces de asumirlo y sienten que los están desplazando.  

De pronto, la mujer tiene los mismos derechos que el hombre, desde no estar en casa realizando las tareas domésticas, hasta decidir separarse de la pareja, simplemente porque ya no le ama, o porque ya tiene otra persona con la que se encuentra mejor. Y esto lo hace porque es su opción de vida, y que respalda la sociedad  en la que vive, y tiene posibilidaes económicas para ello. Ya no tiene que estar "en casa y con la pata quebrada" a la espera de que llegue su marido. Y el hombre debe aceptarlo y ver cómo sus posesiones, (su casa, su pareja, sus hijos y todas sus pertenecias) se diluyen, se reparten y se comparten. Esta mentalización es una asignatura pendiente que requiere solución urgente en muchas parejas y en no pocos casos un tiempo de aprendizaje.

¿Qué pasa cuando se vice esta situación? Que la insatisfacción puede aparecer en muchos varones que no son conscientes del cambio de roles hasta que lo viven en primera persona. Es un sentimiento de insatisfacción muy frecuente, pero a veces muy difícil de solucionar sobre todo entre las personalidades dependientes e inseguras, debido a que el sentimiento de posesión da seguridad y hace que ésta desaparezca si no se tienen nada. 

Aunque los problemas de pareja hayan existido en todas las épocas, actualmente son más frecuentes y se manifiestan más corrientemente. Y es que como conclusión final se ha pasado de una relación de sumisión a una relación de igualdad. Lo que es incómodo para muchos hombres, porque tienen que dar más libertad a la pareja. Aunque también tiene sus ventajas, porque la relación de pareja es más sana, al desarrollarse en libertad y más real, al no estar condicionada por las dependencias económicas.

Foto: a la luz de la hoguera

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