viernes, 29 de marzo de 2019

Soluciones a los problemas de pareja


















Hasta ahora os he hablado de las dificultades y problemas que
surgen a lo largo de la convivencia y os he ofrecido pautas que oueden ayudar a superarlas, porque la armonía en la pareja no depende de la ausencia de conflictos sino de la capacidad para superarlos. 

Toda pareja, para llegar juntos a la madurez, ha pasado por determinados momentos de crisis, que a medida que los han resuelto les han capacitado para afrontar de una forma adecuada los siguientes. Al principio vienen las de acoplamiento, después se pueden presentar los distintos síndromes sexuales y si éstos llegan a resolverse se alcanza una fase de equilibrio que es la sexualidad homeostática en la que hay que vigilar para no caer en los errores que pueden presentarse en el periodo de convivencia.

No es extraño que dada las dificultades que implica, pueda considerarse como un parámetro fiable de la madurez de sus componentes, la calidad de la convivencia. Estoy plenamente convencida de que el nivel de equilibrio emocional de las personas que viven o han convivido en pareja durante años, es muy superior al de aquellas que no pasaron por esta experiencia.

Convivir es compartir y hacer concesiones. Y en esa transación constante entre personas que aunque son distintas quieren vivir juntas, la personalidad de cada una encuentra las condiciones para afirmarse armónizandise con la otra. Gracias a este proceso de definición de lo propio y acomodación de lo ajeno, cada individuo pasa por la única escuela en la que conseguir el premio no consiste en termunar los estudios, sino en continuar matriculado para el nuevo curso. 

La pareja es la gran escuela de la vida, es el ámbito en donde deben resolverse muchos de los problemas. Por eso, utilizando una metáfora la vida no es una vida de cine sino de teatro.

 Sabemos que en el cine una vez hecha la filmación se monta la película y ya esta lista para ser visionada idéntica a sí misma. Sin embargo en el teatro la misma obra siempre resulta distinta porque cada día supone una representación nueva en la que se producen incidentes que es necesario resolver.

Y es que aunque tengamos un guión de vida, y aunqunque estemos convencidos de la calidad de nuestro proyecto afectivo, la pareja vive sumergida en una realidad plagada de dificultades internas a las que hay que añadir estímulos externos que aparecen dutante el periodo de la convivencia. Y esto no se sabe tan bien como los que llevan 20, 30, 40 años conviviendo.

Porque convivir implica establecer reglas, pautas y fijar costumbres. Y el acoplamiento de la pareja consiste en pasar por este proceso. El problema consiste en que al consolidarse el esquema se crean siempre inercias que facilitan su ejecución, aunque éstas a su vez restan espontaneidad a la relación y suelen convertirse en monotonía. ¿Qué es la monotonía? Es la falta de estímulo y novedad, cuando lo que requiere el sexo es precisamente lo contrario.

El gran enemigo de la estabilidad es la monotonía, que no es más que su deformación perniciosa. Y la clave de la convivencia reside en mantener lo primero sin caer en lo segundo, porque como ya he dicho otras veces cuando todo va bien es cuando podría empezar a ir mal porque podemos deslizarnos hacia la monotonía.

Cuando parece que todo está previsto, cuando todo está pautado y controlado es cuando las normas se convierten en costumbres y las costumbres en rutina. Y si la rutina es nefasta para la convivencia en general todavía lo es más para la sexualidad en particular. Porque hacer las mismas cosas el mismo día, a la misma hora y en el mismo sitio es el pasaporte seguro para la rutina sexual, porque lo que alimenta el deseo no es la norma sino las novedad. 

Hoy es el día. ¡Hoy toca! Esta es una expresión fatídica que indica que ya hemos caído en la trampa de la rutina sexual. Y la primera señal de alerta se presenta cuando llega uno de los días en que tenemos por costumbre mantener relaciones sexuales, en lugar de pensar con ilusión en lo que vamos a hacer, pensamos resignados: "Qué le vamos a hacer, hoy toca" Ese día lo que conviene es cambiar de plan y dedicarnos a algún juego, a ver la televisión o a pasear al perro, cualquier cosa menos asumir el sexo como una tarea que afrontamos sin  deseo ni ilusión.  

Sé que existen muchas razones para limitar el sexo a determimadas ocasiones. Bien sabemos que el trabajo, los niños, las tareas del hogar y el ajetreado modelo de sociedad, a veces deja poco margen para improvisar.  

Un poco de frustración es el gran secreto de la receta que yo les doy a las personas que acuden a mi consulta para evitar la rutina, aunque la dificultad estriba en utilizarla en su justa medida. 

Cuando con la aplicación de las dosis adecuadas de frustración son capaces de implicarse en la sexualidad desde su imaginación y su moderación, ellos encuentran la forma idónea de expresar su sexualidad, porque al preservar el deseo, consiguen conservar el interés sexual y alimentar la calidad en la relación. 

Foto: imagen 1

1 comentario:

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