viernes, 24 de agosto de 2018

viernes, 22 de junio de 2018

Cómo le hablo de eso


























Hablar hablamos aunque a veces acabamos de mal rollo. Comunicar no significa hablar a secas sino reflexionar cuando hablamos con la pareja para no inducir a error.

A veces, las parejas hablan pero sería preferible que no lo hicieran. Y es que no se entienden por mucho que hablen porque uno le pregunta desde el corazón  y otro le contesta desde la razón, lo que deja al otro fuera de juego con esta respuesta. Muchas veces por muy directa que parezca la comunicación, esconde otros significados que no se descifran por lo que oímos, sino por la intuición. 

Detrás de por ejemplo "define querer" se esconde una incapacidad para intimar con el otro, si el otro le ha preguntado: ¿Cariño me quieres? y la persona en cuestión opta por alejar a los dos del clima amoroso... Y eso es lo que habrá intuido el que ha recibido esta respuesta: que en realidad se trata de una salida airosa para no comprometerse afectivamente con él... o sea que algo no está bien en la pareja.

Sois de esas parejas en la que la separación os mata, pero la cercanía os provoca peleas continuas y no podéis hablar sin acabar por reprocharos algo. Y cuando se os hace real el dicho "Ni contigo ni sin ti..., aunque esto habla de que estáis en el grito continuo. Si quieres de verdad vivir en medio de una pelea el resto de tu vida en pareja, aunque seguro que no. Entonces presta atención a este capítulo si quieres mantener la relación y aprender las mejores técnicas para evitar peleas en casa.

Imagínate la siguiente escena. Ella juega nerviosa en el sofá del salón con una pulsera, mientras él está mirando por la ventana. No se prestan atención pero ambos saben que están pensando en algo que ha sucedido hace un rato entre los dos. Segundos, minutos... silencio. Uno de los dos aspira con fuerza, como si fuera el segundo round de una pelea de boxeo. Va empezar a empezar la segunda parte, no pueden quedarse callados. Las miradas vuelven a juntarse y las chispas de nuevo saltan entre ellos. 

Y vuelve a empezar de nuevo el conflicto que ya parece eterno y a la vez nuevo: la pulsera, la cena, la ropa, y es que cualquier excusa es buena para empezar una pelea. Unas veces son gritos, otras ironías que duelen más que el tono de la voz, frases dichas con la sana intención de meter el dedo en la llaga que tenemos abierta buscando atacar nuestro punto débil... un ir y venir absurdo que al final no provoca más que la sensación reiterada de que siempre caemos en la misma pelea, aunque los motivos diverjan. ¿Os suena? ¿Es posible que salgamos de este círculo vicioso? ¿Os apetece hacer la prueba? Ya veréis como se vive mejor sin gritos.

Claro las discusiones en una pareja suelen estar provocadas por tópicos, la verdad no se puede generalizar y hacer una lista de ellos, porque la realidad es que cada una acaba estableciendo y conociendo perfectamente sus "motivos repetidos" Desde problemas con las finanzas, pasando por las relaciones con la familia política, o por la educación de los niños, o algo absurdo como es qué comida compramos en el supermercado o qué hacemos el fin de semana...

Llegados aquí los psicólogos, lógicamente, dicen que no se puede establecer nada o sea que no existe un canon que unifique los motivos que puedan provocar una discusión. Lo que si está claro es que cuando la pelea se enquista, se hace reiterativa, se acaba por explotar por cuarquier motivo. Esta actitud evidencia que en el momento que aparece por primera vez una pelea entre vosotros no se llegó a una solución entre las partes, no se habló de los problemas que había en la pareja que ocultaban esta reacción, porque por el contrario esta pelea no volvería a surgir.

Si te encuentras en esta situación y haces una reflexión, te darás cuenta de que en multitud de ocasiones el motivo es insignificante: desde una habitación desordenada, hasta un cuarto de baño sin limpiar, pasando por la elección de un programa de televisión, o la hora de la comida... Cualquiera de estos hechos cotidianos. Cualquiera de estos hechos cotidianos, hacen saltar la chispa que ocultan los problemás reales. Una chispa que en muchos casos se soluciona con una relación sexual que apacigua los enfados, de modo que lo normal es que se acabe en la cama, porque tal vez la pareja buscaba un alboroto para tener un rato de intimidad. Pero a veces la posibilidad de acabar en la cama no es tan placentera porque uno de ellos suele acabar en el sofá, aunque en este caso puede que el beneficio que buscaba fuese  no tener intimidad y lo acaban consiguiendo.

O sea que de los malos rollos siempre se saca algo, nada es porque sí ni casual, porque siempre hay un motivo que -consciente o inconscientemente- los hace aflorar. De hecho hay muchas parejas que se sostienen a partir de esa misma pelea continua, de ese malestar como si se estableciese un código ímplicito entre ellos, lo que a la larga supone un coste emocional importante para ambos y un desgaste de la pareja que muchas veces acaba en ruptura.

 Foto: pareja ejercicio

lunes, 18 de junio de 2018